PARTO NO ASISTIDO La Verdad y la Claridad Total de las Cosas A raíz del nacimiento de luz que tuvimos con Maciel, se nos abrieron puertas, entendimiento a muchas otras cosas que sabíamos, pero que nos costaba aceptarlas y llevarlas en nuestras vidas cotidianas. Ahora nuestras vidas fluyen. Eso ha hecho el nacimiento sagrado de nuestro hijo Maciel. Y ahora que estoy esperando el segundo Bebé, es todo mucho más hermoso aún, porque es como si todas las inseguridades que tenía en ese entonces, no existen. Ahora solamente disfruto de ese lado hermoso que es la maternidad, de todas las sensaciones, de cada mensaje. Sé lo que me está diciendo mi Bebé, lo que tengo que hacer. Me siento más plena, más dichosa, más feliz y Maciel también.
El Parto No Asistido: Durante las contracciones Conversando con la pareja Melisa Odría Hidalgo (27 años) y Sebastián Giesecke Fort (35 años) ¿Cómo les ha venido la idea de parir de manera natural? Melisa: La idea de tener nuestro hijo fuera de un hospital, siempre la tuvimos presente, nos parecía traumático para el bebé de nacer allá, pero la idea de dar a la luz de la forma en la cual lo hemos hecho Sebastián y yo con Maciel, nuestro hijo, en un parto sagrado con la naturaleza, solo nosotros dos, fue a raíz de conocer a Carol y Gilbert. Cuando conocimos a Gilbert y Carol, no teníamos pensado todavía tener Bebé… Sebastián: Carol nos mostró el video del nacimiento de Navidad Carol, y allí nos dimos cuenta que no es nada arriesgado, lo arriesgado sería tenerlo en un hospital. ¿Entonces el encuentro con Carol y Gilbert ha provocado en ustedes el deseo de tener un hijo? Sebastián: El deseo de tener un hijo ya estaba, sólo que estábamos posponiéndolo cada vez Melisa: Carol nos hablaba del parto como algo tan hermoso, como algo realmente sagrado, no como lo que te suelen decir, sólo dolor. A mí cuando Carol me hablaba, veía a sus niños, y me contaba su experiencia, sí me provocó más aún tener un bebé. ¿Qué pasa al ver a sus niños? Melisa: Bueno, son unos niños hermosos, son niños de luz, son distintos… ¿Distintos? Melisa: Todo lo que emanan, sus miradas, lo que te pueden hablar, la manera como ven la vida, como ven las cosas, son niños que no tienen algo que tienen los niños de ahora, son como si no fuesen de acá, como si no fueran de este mundo. ¿Es algo que deberían tenerlo todos los niños? Melisa: Bueno, así tendrían que ser los niños, pero lamentablemente acá los niños están tan expuestos a todos los medios, y a todo ese tipo de cosas, que ahora altera a su verdadera naturaleza, su verdadera energía, que debería prevalecer desde que están en el útero materno. Cuéntanos tu embarazo… Los primeros meses, las nauseas y los mareos eran fuertes. También mis estados emocionales se vieron un poco alterados con tristeza, ya que en esos momentos toda mi energía estaba removida. El parto te hace trabajar cosas en ti, es como si el bebé vino a remoldearme completamente; tanto físicamente como energéticamente. ¿Sentías lo que tu Bebé quería? Melissa: Sí, tenía sueños con el mar y también sentíamos muchas cosas. Nos mudamos de la ciudad de Tarapoto hacia un pueblo retirado, para conectarnos con la naturaleza. ¿Por qué? Había esa necesidad de buscar un sitio para que Maciel nazca. Sin ruidos, sin carros. De allí todo empezó a estabilizarse, a calmarse. Aquí preparábamos el jardín con flores, pusimos una estera y eso fue nuestro lecho sagrado de nacimiento. Maciel pudo nacer en la huerta de nuestra casa.
Los primeros momentos después del parto ¿Y cómo fue el nacimiento en sí mismo? Sebastián: Hay algo curioso, porque Melisa sentía que el Bebé iba a nacer un 19, y después se dudó, de repente nace después o antes, y finalmente nació un 19 de junio. Melissa: Sí, exactamente el día que habíamos visto. Ese día estaba nublado totalmente. Cuando nació Maciel fue lindísimo porque el cielo se abrió, y un rayo de sol apareció y cayó dónde estábamos con Maciel que había nacido. Sueña un poco fantástico o de cuento, pero era algo increíble. ¿Cómo fue el momento del parto? Melissa: Todo el trabajo de parto fue afuera de la casa, en el jardín, y eso me daba fuerza. Sebastián: Ella tenía ganas de echarse, yo le decía, no, ven acá, al final la dejaba hacer, pero cuando se echaba se daba cuenta que no podía echarse… ¿Demasiados dolores? Melissa: Sí,al principio las contracciones eran un dolor muy grande, sentí un poco de temor, yo era primeriza, Maciel era mi primero hijo, el dolor era algo nuevo para mí y bastante impactante; dije a Sebastián: “No sé si voy a poder...”pero conforme fue transcurriendo el trabajo de parto y comencé a pujar a cada contracción, en cuclillas, el dolor fue atenuándose. Es milagroso, la mejor anestesia que puede existir, pujar durante las contracciones. Las últimas contracciones ya no sentía dolores. Lo único que sentí eran ganas de ver a Maciel y ganas de pujar. ¿Demoró para nacer? Maciel nació después de cinco o seis horas de trabajo de parto. Fue precioso, con momentos de temores. Vi todo como si fuera un escenario de teatro, me di cuenta que todo lo que nos rodea es una mentira, sentí eso en el momento del parto y me asustó mucho. Lo único real en ese momento era Sebastián, yo y Maciel, y todo ese trabajo que estábamos haciendo. Pero no me dejé ir por mis temores, Sebastián estuvo a mi lado todo el tiempo, respirando, ayudándome a hacer los ejercicios que Carol nos enseñó… ¿Y tú Sebastián, ¿Cómo viviste esos momentos de las contracciones? Como si yo también estuviese dando a luz, estaba excitadísimo pero con mucha calma. Si bien al principio, tenía mis dudas... ¿Cuáles dudas? ¿Qué va pasar a la hora de cortar el cordón? ¿Cómo voy a hacer? No se va desangrar…cosas que te mete la sociedad en la cabeza. El miedo. He tenido que decir hasta acá no más. Ese miedo lo dejo a otros. Eso fue, luchar con mis miedos y a la vez encontrar a esa pareja Gilbert y Carol que ya habían tenido un enorme y bellísimo ejemplo en sus hijos y eso nos dio a nosotros muchos ánimos, muchas fuerzas para seguir adelante en el parto.
Es el padre que debe recibir al bebé ¿Y cómo fue el nacimiento? Te das cuenta que es tan sencillo, es lo que debería ser, lo lógico. Después me pongo a pensar en la mayoría de esos partos todos así forzados… Melissa: Nosotros, cuando contamos cómo nació Maciel, la gente se asombra. En cambio para nosotros es lo más normal del mundo. Nosotros nos asombramos de cómo nacen los Bebés en los hospitales. Nos impacta bastante de saber que los niños pueden venir al mundo de esa manera. Con tantos químicos, con tantas medicinas. ¿Y finalmente el miedo del cordón? Sebastián: Bueno, al final ocurrió algo así increíble. Digamos que un mes antes del parto, fue la última vez que vimos a Carol y Gilbert, y nos dieron una larga lista de ejercicios para hacer y Carol me dijo: “No te preocupes, todo va salir bien”. Entonces llegó la hora del parto, y todos los miedos desaparecieron, simplemente te dedicas a actuar y a acomodar las cosas. Cuando llegó el momento de cortar el cordón, ocurrió algo extraordinario. Me di cuenta que el cordón ya se había trozado solito. Entonces lo único que hice fue amarrar la pitita y ya estaba (risas). Eso queda como un gran misterio para nosotros, y para mí un gran alivio.
¿Ha cambiado su vida después del nacimiento de Maciel? Sebastián: Ha sido un cambio cuántico, te remueve todo. Las cosas que ya creías solucionadas, ocultas bajo 7 llaves, salen y empiezas a ver lo que sirve y lo que no sirve. Es cómo barrer una casa abandonada, yo sentía eso. Es un trabajo que ningún psicoanálisis de 500 años pueda llegar a hacer (Risas). Va al fondo, a la raíz del asunto. Es un trabajo que seguimos haciendo con nuestro hijo Maciel, que nos enseña muchas cosas. Ahora con este nuevo parto, yo confío más en lo que Melissa siente, en lo que yo siento, y eso es muy importante para todo. ¿El nacimiento natural de Maciel, ha fortalecido su relación de pareja? Sebastián: ¡Claro que sí! O sea en algún momento hecho, crees que no, porque remueve todo. Pero llega un momento que te dice lo mejor es la verdad y la claridad total de las cosas. Si estas a medias tintas, no llegas a nada. Es una relación más y punto. Pero sí llegas a ver hasta el tuétano, es el camino a la felicidad.
Por Juan Salvador Szabados
|
|
|
||||||||||
|