Cada mujer es la portadora de la plenitud de su vida y tiene la fuerza de alumbrar por sí misma a sus hijos. ¡Y es el padre quien debe recibirlos!...

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LA ALEGRÍA DE RECIBIR A TU PROPIO BEBÉ

De Laura Shanley

 

Hace varios años, leí un artículo en un prestigioso diario en el que se afirmaba que las mujeres son fisiológicamente incapaces de recibir a su propio bebé. Desafortunadamente, no puedo citarlo de manera exacta, pues lo deposité en la papelera después de leerlo, aunque no sin antes enviar una carta severa tanto al autor como al editor; cartas a las que, por cierto, ninguno de los dos respondieron.

 

El artículo se basaba en que la labor del parto es tan dolorosa que cualquier mujer se vería con necesidades de pedir ayuda, por lo que aceptaría contar con la presencia de otras personas para recibir a su bebé. El autor proseguía su artículo detallando como, anatómicamente, sería imposible que una mujer llegara más allá de su ombligo para poder coger a su recién nacido. Esto no es sólo completamente falso, sino que muestra un claro desconocimiento de las verdaderas causas de dolor durante un parto: intromisiones internas (miedo primario, vergüenza y culpa) e intromisiones externas (presión constante, pinchazos y análisis).

Los antropólogos han observado a mujeres recibiendo a sus bebés durante siglos. Judith Goldsmith recoge muchos ejemplos de ello en su libro “Childbirth Wisdom: from the World’s Oldest Societies”.

En numerosas sociedades actuales las mujeres dan a luz sin ningún tipo de asistencia. Entre los Chukchee, por ejemplo, donde los partos no suelen ser sencillos, la madre se entrega completamente a sus propias necesidades y a las de su recién nacido. Ella es la que corta el cordón umbilical y se deshace de la placenta por sí misma. Las mujeres Fulani también dan a luz sin que nadie las asista, y reciben a su bebé en sus manos en el momento del nacimiento. La verdad es que, no sólo no es difícil para una parturienta el recibir a su bebé, sino que en la mayoría de los casos es la manera más natural de dar a luz.

Una mujer que escucha su cuerpo puede notar al bebé moviéndose a través del canal del parto y sabe cuando está a punto de nacer. Unas manos ajenas, a pesar de que sean cuidadosas y amables, pueden suponer una distracción más que una ayuda. Es cierto que muchas mujeres encuentran agradable el masaje perineal y yo no digo que se deba renunciar a este placer.Pero el hecho es que muchas mujeres a medida que se acerca la hora del parto, necesitan sentirse libres de asistencia externa. Una fuerza se apodera de ellas y de repente saben que son capaces de dar a luz sin ningún tipo de ayuda, aunque hayan escogido no hacerlo.

Para aquellas mujeres que eligen recibir a su propio hijo la recompensa es enorme. Las comadronas usan la expresión “la emoción del recibimiento”. Como mujer que ha recibido a varios de sus hijos, puedo afirmar que es una emoción incomparable. Dicho esto, ¿esta emoción no debería reservarse únicamente para la madre o como mucho, para el padre?

“Prevenir el desgarro”, ésta es la principal excusa que te dan para negarte la alegría de recibir a tu bebé. Lo que no te dicen es que cuando una parturienta está relajada y sin miedo, su vagina se expande de forma flexible. Además, existen muchas maneras para propiciar esta expansión antes del momento del nacimiento: poner compresas calientes en la zona del perineo durante el parto, tomar un baño de asiento y el masaje perineal, mencionado anteriormente.

La gente suele decirme: “Tú eres la que cree que la madre debe recibir a su bebé”. Yo siempre contesto que no. Mi marido fue quien recibió a nuestro primer hijo y yo no lo hubiera querido de ninguna otra forma. En ese nacimiento sentí que tenía que dar a luz arrodillada y apoyándome en mis manos. No sentí el impulso de recibir a mi bebé y fisiológicamente hubiera sido bastante difícil. No obstante, en partos posteriores, elegí recibir a mi bebé por la simple razón de que sentí que era lo correcto, (¡el hecho de que me encontrara sola en ese momento, sin duda, condicionó mi decisión!).

Si tuviera que dar a luz de nuevo, no insistiría en recibir al bebé yo misma. No es que plantee el hecho de que la madre reciba a su bebé como un ideal por el que luchar. Pero creo que es muy importante que si una mujer decide recibir a su bebé, debe saber que está más que capacitada para hacerlo.

 

fuente: BORNFREE

 

 


 

 

 

 

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